Invictas, con un 3-0 en la final ante River y después de años de esfuerzo, las chicas de Primera del Club Náutico Mar del Plata (CNMP) lograron el ascenso a la Línea A y se consagraron campeonas. Así marcaron uno de los momentos más importantes en la historia reciente del hockey del club. Detrás del festejo hay años de entrenamientos nocturnos, viajes, horas de gimnasio, rifas para juntar plata, cambios de horarios, acompañamiento incondicional y una comunidad que nunca dejó de creer en este grupo.

Las jugadoras coinciden en que este logro no les pertenece solo a ellas. Elena Carreto lo expresó con emoción al destacar que “además de la familia que está en el día a día, que te espera y te deja la comida lista, también está la familia del hockey que nos acompaña siempre. Cuando vendemos algo para juntar plata para el regional están ahí apoyando, si cambiamos un horario nos lo cambian, compartimos el gimnasio. Es un equipo enorme”.

En la misma línea, Catalina Piccioli agradeció a los padres que sostienen cada fin de semana de competencia: “Siempre se copan para hacer mesa de control, en especial Gustavo Medina que está siempre. Son parte de este ascenso”. Juana Quevedo, una de las jugadoras que viene peleando este sueño desde hace años, subrayó que “esto no es algo de ahora. Nos vienen bancando hace muchos años porque lo venimos peleando y soñando un montón. Gracias a toda la gente que nos acompaña y nos apoyó todo este tiempo”.

La campaña perfecta de Náutico no fue casual. El equipo terminó el torneo invicto, sin haber perdido ningún partido, y coronó el año venciendo 3-0 a River en la final. Ese rendimiento fue el resultado directo del compromiso colectivo. Candela Pietra lo resumió con claridad: “Esto se consigue con mucho esfuerzo y dedicación durante todo el año. Cada una sacrifica una parte de su vida personal para dedicarle tiempo a lo que nos pide el hockey. Entrenamos un montón y siempre para adelante”.

El día del ascenso se vivió una fiesta desbordada de identidad y emoción. Lourdes Reynoso recordó que “cuando terminamos el partido en el club se vivió una fiesta. El club nos abrió las puertas con DJ, con tirarnos al mar… nada más lindo que festejar en nuestra casa y con la gente que compartió estos colores desde siempre, en las buenas y en las malas”. Incluso estuvo presente El Gallo, el histórico personaje que acompaña a las categorías del club y que, aunque por el disfraz no pudo hablar, volvió a estar firme alentando como siempre.

Para muchas jugadoras, ascender ya era un sueño cumplido, pero cerrar el año con el título fue la frutilla del postre. Así lo expresó Florencia Pérez Acosta: “Después de tanto entrenamiento, de tantos sábados de ir a jugar, de venir a entrenar hasta tarde y semanas completas de entrenamiento, salir campeonas fue la frutillita del postre. De acá para arriba, de acá a salir campeonas de la A”.

El ascenso y el campeonato representan mucho más que un logro deportivo, son el resultado de una construcción colectiva que llevó años, sostenida por jugadoras, familias, entrenadores y una comunidad.